El disparador (episodio uno)

Como para casi todas las cosas que decidimos hacer, existe un motivo, un disparador. En mi caso fue la bronca. Simple y llana.

Hace unos días tuve que realizar un trámite muy sencillo en el los archivos del “Registro Nacional las Personas” en calle Caseros 356 de la Ciudad de Córdoba.

El Trámite: legalizar la partida de nacimiento de mi hija. (1 firma + 1 sello)

La dependencia es una locura, propia de un libro de ciencia ficción. La primer imagen que uno ve, es gente amontonada como ganado; no hay carteles informativos ni nadie que asesore sobre la manera de realizar un trámite.  Ni se te ocurra preguntar algo a los empleados, porque te gritan delante de todo el mundo como si fueras la peor basura.

Hay que quedarte esperando a que alguien se digne a atenderte. Lo más indignante, es que a ese alguien, lo ves a través de la ventanilla que esta sentado sin hacer nada, mientras vos estas parado como idiota. Calculo que debía estar en su tiempo de descanso. Uno de sus 360 minutos diarios de descanso.

De vez en cuando, al tipo se le ocurre pararse, tomándose la molestia de atender a una persona (sólo a una), para luego volver a sentarse.

Por momentos, uno siente ganas de agarrar el mostrador a patadas y meterle los criollos el mate y la bombilla por… por la boca.

Infelizmente, la estupidez gana la batalla y me alejo masticando bronca.

Nota adicional: Escribí una sugerencia en al buzón de la dependencia… hasta el día de hoy deben estar riéndose de mi nota.

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