Termino el Mate y te atiendo, You Beaner.

Habitualmente, nos regodeamos de tener uno de los peores gobiernos, corrupto, despreocupado e insensible. Al parecer, nuestro insuperable ego argentino nos leva incluso a hasta creer que también somos los peores. Grave error.
Muchos otros gobiernos se esfuerzan por lograr la punta en la carrera de la estupidez. Y lo logran.
Como parte de mis vacaciones, tuve la suerte oportunidad de visitar Miami… en Los Estados Unidos de América!
Mi paso por la ciudad fue fugaz y obligado, pero suficiente para empañar (por unas horas al menos) unas vacaciones que superaban la perfección.
La razón de mis pesares, la estúpida creencia de magnanimidad de nuestros primos “Americanos”.
Como parte de su pesado, ineficiente y exagerado sistema de seguridad aéreo, han incorporado un nuevo control en los aeropuertos. Revisión de las valijas antes del ingreso a las cintas de transporte. Incrementando la “sensibilidad” de sus aparatos de Rayos X, y agregando la inspección física de TODAS las maletas que ellos consideren “sospechosas”. Lo gracioso es que la operación se realiza a unos 20 metros de donde uno está, por lo que puede ver a la distancia parte de lo que ocurre.
Con mi clásica mala suerte para estas cuestiones mundanas, no una sino 2 de nuestras valijas más un juguete didáctico para nuestra hija fueron considerados “altamente sospechosos”. A causa de la sospecha, ambas valijas y el paquete fueron arrojados sin contemplaciones fuera de la cinta, para su posterior revisión. De inmediato un guardia que parecía una fusión entre Samuel Jackson y Bob Marley comenzó a “trabajar” con nuestro equipaje. Intenté acercarme, para ver lo que ocurría o al menos entregarles las llaves para los candados, pero otro guardia me impidió el paso, informándome que se trataba de una zona restringida. Segundos más tarde el guardia de las trencitas abrió sin problemas mi valija y comenzó a sacar su contenido sin ningún cuidado.
Me sentí un estúpido sosteniendo las llaves de mi candado supuestamente “de calidad”. Le había tomado menos de 30 segundos abrirlo.
Con más de medio contenido fuera, el guardia encontró lo que buscaba. La causa de las sospechas. Una pequeña botellita de “chile habanero”. Súper picante. Me habían dicho que era explosivo cuado lo compré pero nunca imaginé cuánto! Metódico, el empleado tomó un paño de algodón circular y lo restregó sobre la salsa picante. Corrió hasta una extraña e infalible máquina y colocó el paño en una ranura, al tiempo que consultaba nos pesados manuales con seria expresión.
Satisfecho, volvió a mi valija y colocó la botella; acto seguido amontonó el contenido retirado con total descuido e indiferencia. Al final, logró cerrarla ejerciendo la presión de su propio peso.
Repitió el procedimiento con el resto de nuestro equipaje, encontrando objetos de similar peligrosidad, como una prensa para hacer tortillas y unas plastilinas para mi hija.
En repetidas ocasiones, los empleados de TSA (Transportation Security Administration) se negaron a permitirme presenciar de cerca la revisión de mi equipaje, se jactaros de cumplir órdenes de alta seguridad y se negaron a explicarme por qué violaban la intimidad de mis pertenencias sin consentimiento.
Nunca tuve respuesta.
Obviamente, subí al avión “masticando bronca” y rogando que no faltara nada (aunque no hubiera nada de valor).
Una palabra vino a mi mente. Respeto. La carencia del mismo, en realidad.
Para completar el “chiste”, ya de vuelta en Córdoba, al abrir las valijas encontramos el siguiente folleto.

tsa

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