El Petitorio de Dolor

La tragedia los unió sin consultarlos, alcanzándolos repentinamente. Sueños truncados. Futuros borrados.
¿La razón?
Negligencia. Desinterés. Lisa y llana estupidez.
La tragedia de Santa Fe, no ocurrió (sólo) por la intervención de lo que con simplicidad llamamos destino. Ocurrió porque un importante conjunto de instituciones gubernamentales fracasó. Podemos intentar encontrar las causas del fracaso. Algunos dirán que es por corrupción, otros reclamarán desinterés. No es fácil saberlo. Es posible que sea una peligrosa combinación de ambas.
El resultado, personas incompetentes y peligrosas salen a las rutas cada día a poner en peligro las vidas de todos los que recorremos. Cuidado, la incompetencia y peligrosidad no sólo se materializan en conductores de camiones alcoholizados o choferes de colectivo cansados. También lo hace en nosotros mismos, cuando superamos las velocidades legales o hacemos maniobras estúpidas.
Lo que debemos cambiar es el sistema de control. No podemos evitar que alguien haga cosas estúpidas, tal vez podemos educarlos para que no lo hagan; pero siempre habrá quienes no quieran cumplir con las reglas. Para ello, debemos tener un sistema capas de corregir esos peligrosos desvíos.
No podemos tener una fuerza policial tan patética que sea sobornable con unas pocas monedas, una gaseosa o incluso una cerveza. Ni podemos tener jueces y políticos que sólo se preocupan por la seguridad de las personas cuando la tragedia golpea.
Hay que cambiar antes. Actuar con previsión, para que las tragedias no ocurran. Para que nadie tema salir a la ruta.
Para ellos ya es tarde.
Nada de lo que hagamos va a devolverles la felicidad.
Hagamos que su dolor, al menos, ayude a que otros no deban escribir sus petitorios.

Adherite al Petitorio
http://www.tragediadesantafe.com.ar/default.asp 
Petitorio por seguridad vial integral
Nuestros hijos murieron no porque lo decidiera el destino, sino por la negligente e ineficaz seguridad vial.
Nada nos devolverá sus vidas, pero podemos evitar que ocurra nuevamente. Otros hijos nuestros y muchos hijos de padres y madres que desconocemos viajaran por nuestras rutas, algunas de las cuales trágicamente las llamamos “de la muerte”, sin otra acción que la de esperar un nuevo accidente. No queremos ver subir a un bus a nuestros hijos y tener que pensar si esta será también nuestra despedida.
Pedimos a “los representantes del pueblo” de ambas cámaras legislativas una preocupación seria y diligente por la seguridad en nuestras rutas. No somos especialistas (a ellos les tocará el estudio de las mejores medidas). Nosotros somos víctimas de las medidas que no se han tomado.
Pedimos una ley integral de seguridad vial que contemple los controles de los chóferes de buses y camiones, sus horas de descanso, la posibilidad de que los camiones no transiten de noche, la prohibición de venta de bebidas alcohólicas a los chóferes, los controles reales y eficaces de alcoholemia, que la policía que está en las garitas de peajes no sólo controle y custodie la caja de las empresas, sino que tenga la posibilidad de control y detención de conductores y vehículos en malas condiciones.
Pedimos al Poder Ejecutivo un eficaz control por intermedio de la Comisión Nacional de Regulación del Trasporte, de las leyes vigentes o aquellas por sancionarse, a fin que las leyes no sean solamente cumplimiento ante los reclamos de la sociedad. Y al Ministerio que corresponda, el llamado urgente a licitación a fin de que las rutas -concesionadas o no- cumplan con las necesidades mínimas ante el aumento del parque automotor, y de tráfico internacional, siendo de dos carriles por mano, y con banquinas adecuadas.
Pedimos al Poder Judicial la sanción sistemática de quienes no cumplen con las leyes vigentes o por sancionarse, a fin de no seguir viendo en cámaras ocultas transportistas que evaden los pocos controles con una moneda; o de los empresarios que exigen un ritmo inhumano para los conductores.
Pretendemos que Nunca Más los padres tengamos que esperar con angustia el llamado de nuestros hijos informándonos que “llegaron bien”, lo que debería ser habitual y cotidiano, y que todos los poderes de la República trabajen seria y responsablemente para evitar todo aquello que no es fruto del azar sino de la imprudencia o la irresponsabilidad.

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