¡¡¡Con eso no se metan!!!

polentaHoy se me antojó polenta. En invierno, cuando el frío acecha en las calles de la ciudad, no hay cosa que me reconforte más que un buen plato de polenta.
No soy muy pretencioso. En particular, a mi me gusta prepararla de la siguiente manera:
– En la olla, mitad de agua y mitad de leche (ambas a ojo)
– 2 (dos) cubitos de caldo de… lo que encuentre.
– La polenta (obvio). De marca barata, común. NO INSTANTANEA (a ojo también)
– Salsa roja de cualquier tipo.
– Mucho queso cremoso en el plato (sopero).

Eso es todo.
Hoy (viernes) le pedí a mi esposa que me preparara (si quería) una “buena polenta”. De no muy buena gana, ella accedió. Mientras yo veía un rato TV y jugaba con mi niña, ella puso manos a la obra.
Al rato, me llama para que la ayude a servir y presa del hambre, corro en su auxilio.
En el instante mismo en que comencé a servir la polenta, noté que algo andaba mal. La consistencia no era muy buena. No dije nada, para evitar dañar susceptibilidades.
Lego, en cuanto la probé, pude comprobar que algo no estaba bien. La salsa estaba bien. Queso tenía. Gusto tenía. Algo faltaba.
Nuevamente reparé en la consistencia. Le faltaba cuerpo.
La respuesta me alcanzó.
– Le pusiste leche? Pregunté como haciéndome el sonso.
– No. – fue la respuesta tajante. – ¿Dónde vivís? ¿No viste que no hay leche? Por sesenta días va a faltar …
De pronto, la sombra del socialismo tercermundista se abalanzó sobre mi.

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