Morir en la ruta

En el primer semestre del año, 257 personas perdieron la vida en los caminos de la provincia.

Artículo de la Voz del Interior

http://www2.lavoz.com.ar/nota.asp?nota_id=86513

Cristina Aizpeolea
De nuestra Redacción
caizpeolea@lavozdelinterior.com.ar

Se fue la mitad de 2007. Para ser precisos, 181 días. En ese lapso, en las rutas, calles y caminos cordobeses quedaron truncas las vidas de 257 personas. Demasiado dolor para encerrarlo en un número.

257 personas (doscientos cincuenta y siete). Hay que repetirlo en voz baja para tratar de pensarlas una por una. Es la población entera de un colegio secundario, la planta completa de personal de una fábrica importante…

Es casi el cuádruple de las 67 víctimas fatales del avión estrellado de Lapa; el triple de los 85 muertos en el atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (Amia); bastante más que los 198 muertos del boliche Cromañón. Y hay serias posibilidades estadísticas de que a fin de año tengamos que hablar de otras 257 muertes.

¿Con qué podríamos comparar este número para que nos despierte, para que nos quite la anestesia de pensarlo como una mera desgracia, como un efecto no deseado de la vida moderna, un daño colateral del progreso?

Si miramos en nuestra historia de cordobeses, encontramos en la madrugada de Reyes de 1992 el desastre natural más grave que se recuerde, cuando el arroyo Noguinet arrasó con el pueblo de San Carlos Minas, en el noroeste de Córdoba.

Inermes ante el avance de esa pared de lodo, murieron 35 personas. Increíble. Fue la peor tragedia natural de la historia de Córdoba… y tuvo menos víctimas fatales que las que hoy dejan las rutas cordobesas en apenas un mes.

Pensándolo de otro modo, es como si los cordobeses tuviéramos un desastre de San Carlos Minas cada 25 días. Y –algo peor– además lo contempláramos como algo inexorable contra lo que no se puede hacer algo: casi como otra tragedia natural.

Vayamos por otro camino: contrastemos estos 257 muertos en seis meses en las rutas de Córdoba con las bajas que provocó el hombre, en ese mismo lapso, para saldar algún conflicto interpersonal.

El resultado también abruma. En momentos en que el tema de la inseguridad está al tope de las preocupaciones públicas, en lo que va de 2007 se produjeron en toda la provincia de Córdoba (según datos oficiales) 57 homicidios dolosos. Ocurrieron en distintas circunstancias: peleas, asaltos, golpizas, ataques.

La ecuación arroja un crimen mortal cada tres días en lo que va del año. Las rutas, atroces, arrojan un número cuatro veces mayor.

No fueron balazos ni cuchilladas. Fue otro tipo de impactos, también violentos, que llevaron de la vida a la muerte en apenas un instante a 257 personas. Gente que trabajaba, que estudiaba, que reía, que iba y venía, que estaba sana y que, en un segundo, dejó de estarlo. 257 personas.

Sin embargo, la de las rutas y calles es una inseguridad que parece tolerarse.

Ya no debe haber familia en Córdoba que no haya llorado por algún choque ocurrido en las rutas o que no haya acompañado a algún afecto cercano a recibir esas pérdidas. Pero el número de víctimas, lejos de bajar, sigue su tendencia alcista.

¿Qué se puede decir para humanizar este número? ¿Qué se puede decir para aportar a un análisis crítico?

Podemos nombrarlos uno por uno. De hecho, lo hacemos en la contratapa de esta entrega especial.

Podemos decir que la amplísima mayoría de los 257 fallecidos en las rutas de Córdoba en estos primeros seis meses tenía más días por delante que por detrás, ya que acusaba menos de 35 años de edad.

Podemos decir que en estos seis meses, 257 familias enteras salieron a pasear y murieron entre los hierros de un auto. Dieciséis niños quedaron allí.

Podemos decir que los vehículos de dos ruedas (tanto bicicletas, como motos) participaron en uno de cada tres accidentes fatales. Y que casi ninguno de los heridos mortales en esos casos llevaba puesto el casco protector.

En uno de cada tres accidentes, también, intervino un camión o un vehículo de gran porte. Cuando esto ocurrió, por lo general el conductor salió ileso o con heridas leves, pero los que viajaban en los vehículos menores engrosaron la estadística fatal en rutas donde es casi inexistente el control del peso de la carga que llevan los vehículos pesados.

Los 23 peatones significaron casi el 10 por ciento de los fallecidos. Sucumbieron ante todos los demás protagonistas del sistema vial, incluidas las bicicletas.

El auto, por su parte, fue el vehículo con mayor participación en los hechos fatales (60 por ciento), en impactos contra otros autos, objetos fijos, camiones, motos, bicis y demás integrantes del sistema vial.

Podemos agregar que las rutas siguen siendo más fatales que las calles de la ciudad, ya que en 60 por ciento de los casos los impactos ocurrieron fuera de ámbitos urbanos.

En este punto, a la cabeza del ranking figura la ruta nacional 9, que a su paso por Córdoba cosechó 32 víctimas. Le siguen, en este listado trágico, las rutas nacionales 158 y la 36 (10 muertos) y, en el ámbito de la ciudad capital, la avenida de Circunvalación (que tiene trazado, señalización y funcionamiento de ruta), que anotó 11 accidentes fatales.

Podemos decir que en las vísperas de feriados y en los fines de semana aumentan las malas noticias, en coincidencia con dos elementos. Primero, el mayor flujo de tráfico que implican los traslados. Segundo, las conductas negligentes aliadas al consumo de alcohol durante las madrugadas.

Podemos agregar que el factor vial tiene gran parte de responsabilidad en todo esto. Aunque también hubo hechos fatales en las dos autopistas de Córdoba, fue alarmante la cantidad de choques frontales, despistes y vuelcos, impactos contra objetos fijos y siniestros en las zonas de acceso a pueblos y ciudades, en rutas de ida y vuelta, tuvieran o no peaje.

Sin duda, la velocidad aportó lo suyo, en autos supermodernos (y no tanto) que desafiaron al viento hasta terminar estrellados.

Las conductas negligentes también se vieron en distracciones que resultaron fatales. Más de una muerte se produjo cuando alguien se desentendió del volante por mirar los rastros de un accidente sucedido en la banquina o en la mano contraria.

Por algunas de estas razones, los especialistas se resisten a llamar accidentes a los hechos de tránsito, con la intención de quitarles toda connotación azarosa.

Puede ser ese un camino.

El otro merece un cambio en la actitud de los conductores, necesita infraestructura que apueste a la seguridad vial y un férreo mecanismo estatal capaz de llegar más con educación, inversiones, control y sanciones que con ambulancias.

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Archivado bajo Córdoba, Municipal, Nacional, Provincial

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